¿Tengo que jugar con mis hijos?¿A qué juego?


A veces, cuando observamos a los niños, nos sorprendemos de lo mucho que juegan. Nunca se cansan de hacerlo. Y realmente debemos dejarles hacerlo, porque es algo absolutamente necesario para su madurez y creatividad. Les permite aprender a tomar decisiones, a elegir entre diferentes opciones, y a conocerse mejor, de modo que toman conciencia de sus capacidades y de las habilidades en las que destacan. Además de favorecer la coordinación de movimientos y hacer que se ejerciten las destrezas motoras, (o sea, la capacidad del equilibrio, de moverse con agilidad, los reflejos, e.t.c.), ayuda al desarrollo del lenguaje. Pero, ¿realmente tengo que jugar con mis hijos? Y, ¿A qué juego?

Por medio del juego, los niños aprenden a comprender cómo funcionan las cosas y los límites de lo que se puede hacer con ellas. También entienden que hay reglas que es obligatorio aceptar si se quiere conseguir algo o divertirse, fomenta las relaciones con otras personas, les enseña a compartir y a cuidar del entorno. Eso es algo indiscutible.

El problema es que los padres hoy día estamos muy condicionados por la creencia de que es nuestro deber estimular, educar y enseñar a los hijos en todo momento, ya sea yendo a tareas extraescolares, visitas a museos, utilizando grandes palabras en largar charlas, protegiéndoles de todo mal…. Nos sentimos culpables si no aprenden inglés o tenis o ajedrez como el resto de niños del cole, aunque simplemente no nos lo podamos permitir en estos tiempos de crisis. Pensamos que no los estamos ayudando lo suficiente, y se nos olvida que la mejor estimulación para un niño es la estimulación de los sentidos, y esa estimulación se consigue con cosas como tirarse al suelo en la alfombra para jugar al caballito o hacer manualidades con pegamento y cartón.

Las ideas de “Debes jugar con tu hijo””Debes proteger a tu hijo de todos los peligros” están tan asimiladas en las llamadas “culturas desarrolladas” que los padres creen que deben enriquecer personalmente a sus hijos cada minuto del día con amor y aprendizaje. El profesor de antropología de la universidad de UTA, David Lancy, relata que según sus estudios solamente en los llamados países “occidentales, educados, industrializados, ricos y democráticos” sucede esto, mientras que el resto del mundo cree que el papel de los padres es enseñar con el ejemplo, y no ser compañeros de juegos ni colegas de nuestros hijos. Hemos llegado a un punto en el que nos sentimos culpables cuando el hecho de pensar que tenemos que ir a jugar con los peques nos aburre soberanamente, y no nos damos cuenta de que ese aburrimiento, como cualquier dolor del cuerpo, es señal de que algo está mal. Los juegos de niños SON PARA NIÑOS. Por supuesto que es bueno que juguemos con ellos, pero debe ser cuando nos apetezca realmente y a ellos también, no para tenerles entretenidos. ¿Realmente queremos educar a unos niños de forma que no sepan qué hacer cuando están aburridos y no les decimos a qué jugar? Todo el mundo puede alimentar y vestir a un niño, pero lo que una madre y un padre deben hacer es ayudar a madurar a ese niño, haciéndoles ser creativos e independientes.

Todos los extremos son malos, y tan malo es estar a todas horas jugando con ellos y pendientes de sus cosas como dejarles solos continuamente sin preocuparnos. El juego para hacer frente a ciertas dificultades personales que nos pueden ir apareciendo con los niños, como los celos ante un hermano, porque a través de cierto tipo de juegos aprenderán a aceptar esa realidad, a controlar sus impulsos y a comprender sus sentimientos. Para jugar con ellos debemos sentirnos participantes, ponernos a su altura, y mientras estemos jugando estar pendiente del juego, no pensando en lo que tenemos que hacer.

Pero ya puestos, ¿ A QUÉ JUGAMOS?

Hay que cambiar de juegos dependiendo de las edades de cada niño:
- HASTA LOS 3 AÑOS están tomando conciencia de su propio cuerpo y van conociendo el mundo que les rodea. Todos los juegos de movimiento son importantes en su desarrollo; servirán para completar su maduración nerviosa, estimulando la coordinación de las partes del cuerpo y ayudando al desarrollo de su inteligencia.

Los juguetes adecuados para estas edades son aquellos que tienen diferentes texturas, colores, movimientos, sonidos, juegos de destreza manual (sonajeros, cubos, palas, manta de actividades…) y juguetes que les ayuden a explorar el entorno, como los andadores y los balancines. Comienza el juego simbólico, por lo que les gustará jugar a los coches, cocinitas, construcciones… Papá y mamá deben convertirse en lobos, beber en tacitas diminutas y comer “tartas” imaginarias, en resúmen, se trata de reducir el mundo real al mundo de los pequeños, asumiendo papeles de los personajes que ellos conocen, como la cocinera, el peluquero, el profesor… jugando a ser ellos, lo cual les ayuda a sentirse parte de la sociedad, y les predispone a aprender.

- DE LOS 3 A LOS 5 AÑOS es la edad de la imaginación. Son capaces de crear símbolos a partir de cualquier cosa, y sus creaciones son reales para ellos. Pueden coger una caja de zapatos y convertirla en el autobús del cole, y después ser la casa de sus muñecos. Debemos jugar con letras y números, tamaños, formas y cantidades. Las actividades adecuadas son las relacionadas con crear, construir, manipular y organizar. Ya tienen más capacidad de movimiento, con lo que son beneficiosos juegos del tipo montar en bicicleta, jugar con pelotas, a diana, encestar… o actividades con herramientas, instrumentos musicales o pizarras. Para el desarrollo de la creatividad es bueno que realicen actividades de papel y lápiz: Dibujos, colorear (desde pintar con los dedos, acuarelas o ceras, incluso pinceles), plastilinas, barro y también los puzzles.
Ya saben jugar mejor con los símbolos, con lo que pueden jugar a disfrazarse, buscar un tesoro, cocinitas….
ENTRE LOS 5 Y LOS 8 AÑOS ya van creando historias más elaboradas. Van descubriendo la diferencia entre realidad y ficción y comienzan a interesarse por el conocimiento de lo que les rodea, los experimentos y los juegos en grupo comienzan a ser muy divertidos para ellos. Especialmente los animales cobran importancia y atractivo, sus hábitats, su alimentación…

En estas edades se puede jugar muy bien con ellos a deportes en grupo, juegos de mesa, juegos de palabras, bingo, magia, juegos de experimentos, de memoria, y en general juegos que tengan que ver con la creatividad.
ENTRE LOS 9 Y LOS 13 AÑOS les interesa la experimentación, la construcción, el descubrimiento, juegos de estrategia, de montaje, audiovisuales, y comienzan a interesarse por las colecciones. Hay que dejarles coleccionar lo que les guste, porque eso les ayuda a desarrollar su responsabilidad, a conocerse mejor en cuanto a aficciones e intereses.

– Por supuesto, y esto merece capítulo aparte, está el tema de LA LECTURA: Leyendo van a aprender que existen lugares en el mundo que existen aunque no los veamos (Coordenadas espaciales), que hay en todo un comienzo, trama y desenlace, no solo en la ficción sino también en la realidad, con lo que aprenden que existen causas y consecuencias (Coordenadas temporales). También en los cuentos comprueban que las interacciones sociales, los comportamientos de unos sobre otros, influyen en el desarrollo de las cosas. La lectura favorece el desarrollo del lenguaje y por supuesto evita que tengan faltas de ortografía, además de que ayuda a que sepan estudiar mejor. No hace falta tener cierta edad para empezar a leer. Los libros se pueden utilizar incluso con niños de meses. No tienen que saber leer. Existen libros de imágenes, con diferentes texturas, formas y estímulos, y más adelante, cuando dejan de ser bebés y dominan la lectura, se multiplican las posibilidades.

ALGUNOS CONSEJOS SOBRE CÓMO DEBEMOS JUGAR CON ELLOS:

- No podemos jugar “a medias”. Ellos se dan cuenta, saben si estamos pendientes del juego o no. No debemos usar el móvil, ni estar pensando en el trabajo o en las obligaciones domésticas. Nuestros cinco sentidos deben estar dirigidos a ponernos en situación.
No debemos ir dirigiendo el juego. El juego debe ser libre y espontáneo.Que sean ellos los que decidan a qué quieren jugar y cómo, aunque podemos proponerles de vez en cuando cambiar de actividad si siempre quieren jugar a lo mismo, y evitar que quieran jugar a juegos violentos.
– Intentaremos enseñarles el valor de las cosas a través del juego: Por ejemplo, si se rompe un juguete, trataremos de arreglarlo. No deberíamos comprarles demasiadas cosas en Navidad y en los cumpleaños. Es mejor dosificar los juguetes, dárselos poco a poco, y si tiene muchos podemos ir guardándoles algunos sin que se den cuenta, dejándoles menos a su alcance, y cuando ya se hayan cansado de los que tienen se los vamos cambiando guardando los otros. No es bueno ir acumulando juguetes porque si tienen muchos y muy variados puede que se cree el efecto contrario al que pretendemos, y que no sepan realmente a qué jugar.

Observarles mientras juegan nos ayudará a conocerles mejor. Sin ser conscientes de ello, veremos sus miedos, sus inquietudes, sus necesidades y aquellos deseos que no saben expresar con palabras.
Tratemos de evitar los juguetes que lo “hacen todo”. Las típicas muñecas que llevan un chip interno que hace que hablen, lloren, coman, e.t.c. no permiten la participación activa del pequeño en el juego.
Podemos enseñarles a ordenar las cosas: Una vez que hemos terminado de jugar, guardamos cada cosa en su sitio, con su participación activa, por supuesto.
- No debemos obligar al niño a jugar a cosas que no les resulten atractivas, por muy educativos que sean los juegos, y menos si lo que pretendemos es que adelanten en el aprendizaje. Cada niño es un mundo y cada etapa tiene su tipo de juegos.
Es mejor combinar juegos individuales con juegos en grupo o en pareja.
– Si no les apetece jugar, aunque ese sea el momento que tenemos libre, no debemos obligarles a hacerlo.

- Deberíamos propiciar un ambiente en el que exista el gusto por la lectura. En casa debe haber libros, cuentos, podemos tener novelas en la mesita de noche, revistas o periódicos en la sala de estar… y deberíamos “jugar” a leer, dialogando con ellos sobre libros que hayamos leído, sentarnos con ellos a leer un cuento, hacerles preguntas sobre él, sorprenderles poniendo voces mientras lo leemos, haciéndoles imaginar cosas sobre los personajes, e.t.c. Leerles un cuento cuando se van a la cama es algo mágico. Unas veces los podemos leer juntos, otras nos lo cuentan ellos, hay múltiples maneras de hacerlo y además les dejará relajados y les costará menos dormirse.

Realmente no es tan difícil. Teniendo claro lo que les gusta, y buscando el momento adecuado para jugar con ellos o para dejarles que jueguen solos, la vida familiar resultará mucho más armoniosa y agradable.

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