Cómo ayudar a los hijos en los estudios


Normalmente nos encontramos con dificultades a la hora de ayudar a nuestros hijos a estudiar, y no sabemos cómo actuar ante esas dificultades. No debemos agobiarnos, porque de hecho suelen ser las mismas dificultades y podemos realizar estrategias para ayudarles a superarlas.

Vamos a intentar resumir las dificultades más frecuentes en los estudios y qué podemos hacer con ellas:

1. No estudia, o hace como que estudia pero en realidad pierde el tiempo:

Se caracteriza por lo siguiente:

–          Se pone delante del libro mucho tiempo, pero la cabeza la tiene en otro sitio.

–          Tarda demasiado en realizar las tareas.

–          Pierden tiempo que necesitan para estudiar al tener que terminar las tareas que se les han quedado pendientes en el colegio.

–          Se meten en su cuarto dos horas o el tiempo que sea, nosotros pensando que está estudiando y en realidad lo que hace es dibujar o escuchar música.

Estrategias a seguir:

–          Oblígale a tener un horario diario de estudio

–          Dedica todos los días a repasar durante un tiempo. Cada día de la semana una materia, por ejemplo una hora, así se va estudiando lo que ya ha visto en clase y que entrará para el próximo examen.

–          Haz que sea consciente de que la estrategia de dejarlo todo para el final sirve cuando estamos en escalones inferiores de los estudios, pero al ir avanzando es imposible porque la materia a estudiar nos desbordará.

–           Ayúdale a aprender a estudiar, haciendo con el/ella resúmenes de los temas, subrayando con colores según la importancia o haciendo esquemas con las ideas principales de cada lección. Aprender a sintetizar lo más importante de cada tema es esencial para saber estudiar y aprovechar el tiempo al máximo.

2. Confunde “lo entiendo” con “ya me lo sé”:

Se caracteriza por:

–          Se lee una lección y como la entiende, ya cree que la sabe y deja de estudiar.

–          Desconoce que el proceso de aprendizaje implica en un primer momento entender lo que se quiere asimilar y después tiene que haber un momento de fijación en la memoria, que se realiza a través de la repetición de los contenidos, es decir, tiene que entender lo que ha leído y después memorizarlo.

–          En las materias que necesitan la realización de ejercicios y prácticas, los chavales que presentan esta dificultad son aquellos alumnos que fallan en las operaciones, aunque sepan cómo se hacen.

Estrategia a seguir:

El problema en estos casos es que tiene un déficit de hábitos importante. O sea, que no está acostumbrado y no sabe estudiar. Los hábitos son recursos muy importantes para educar. Se adquieren por repetición de actos. La ventaja que tienen es que facilitan a la persona la realización de tareas que les cuesta trabajo, como sucede con los estudios.

Qué hay que hacer:

–          Dedicar todos los días un tiempo determinado al estudio y a la realización de las tareas. Empieza poco a poco para ir subiendo conforme se vaya acostumbrando. Puede ser, para un niño de primaria, más o menos media hora. Para uno de secundaria, alrededor de una hora.

–          Es mejor poco tiempo y bien aprovechado que mucho y disperso.

–          Divide el tiempo para cada una de las tareas que va a realizar, y trata de que las haga en el tiempo que se ha propuesto al principio.

–          Crea un horario en el que haya tiempo para todo. Pon el estudio en los primeros momentos, en los que está más descansado y asimila mejor.

3. Solo estudia los días antes del examen:

Estudian, y realmente lo hacen, pero las últimas horas, cuando ya lo tienen encima…., se acuestan tarde y se levantan temprano en el último momento, y van agotados por el esfuerzo que hacen al final, lo cual hace que como padres tengamos la percepción de que nuestro hijo/a estudia y se ha esforzado bastante.

Está más que comprobado que una de las variables que tiene que ver con el éxito académico es que el alumno tenga un plan de trabajo diario, volvemos a lo mismo de siempre. Cuando se deja el plan para el final es imposible asimilar toda la materia, es como querer comer en un día todo lo que no hemos comido en diez.

¿Qué hacemos?

Es esencial imponer una tarea de clarificación al alumno para que entienda los distintos momentos que tiene el proceso de aprendizaje, o sea, hay que hacerle entender el proceso que seguimos en la mente para aprender: Primero se comprende el mensaje, luego se elabora un resumen-esquema con las ideas principales y luego se fijan en la memoria. Estos pasos se descubren tras una breve experiencia en los estudios, pero puede ocurrir que cuando empiezan el colegio se saltan algún paso de este proceso, por lo que conforme van creciendo les cuesta cada vez más asimilar conocimientos. Por eso, debemos:

–          Hacer un seguimiento durante algún tiempo para comprobar que sabe los pasos que tiene que seguir a la hora de estudiarse un tema.

–          Hacer que nos expliquen el tema, ver si lo han comprendido, pueden mirar el libro si quieren para ello. Después, que hagan un resumen de lo más importante y luego memorizarlo.

–          Hacerles entender que cuanto más difícil, más esfuerzo conlleva: Los padres podemos preguntarles sobre lo que ellos dicen que ya se saben para comprobar los resultados, y hacerles repetir una y otra vez la parte que no han memorizado.

4. Cuando se pone, lo consigue, pero tiene dificultades de concentración, se distrae con una mosca

Algunos niños tienen dificultades para concentrarse, les cuesta ponerse a estudiar. Desde que se sientan hasta que empiezan pasa más de media hora, y van a “medio gas”, se les va la imaginación cada dos por tres, cualquier cosa que pase alrededor atrae su atención y pierden el tiempo, por lo que su rendimiento es escaso.

La concentración es la capacidad que tenemos para dirigir todos nuestros conocimientos al objetivo de realizar una tarea. Si no hay un mínimo de concentración es prácticamente imposible aprender nada, por tanto, si mejoramos la concentración mejoraremos la capacidad para aprender.

Como todas las capacidades, el desarrollo de la concentración es consecuencia de la ejercitación de la misma, o sea, que cuantas más dificultades haya en la concentración menos trayectoria de estudio tendremos en la vida y al contrario.

¿Cómo mejoramos esta capacidad?

–          Elimina los estímulos irrelevantes que puedan captar su atención a la hora de estudiar: Quita la televisión, apaga la radio, aparta revistas, fotografías…

–          Dale un tiempo para cada tarea o actividad, y exígele que la realice en el tiempo previsto. No es conveniente dejarle a su aire para que la termine cuando quiera, eso favorece que se distraiga. Si le pones un tiempo límite, le costará menos centrarse para terminar.

–          Hay que empezar siempre a una hora fija para conseguir un buen rendimiento cerebral. Si una persona se acostumbra a hacer el esfuerzo de concentrarse todos los días a la misma hora, al cabo de unos días la cabeza se concentra con más facilidad a esa hora.

–          La concentración sirve como “calentamiento mental” para pasar a continuación a la actividad que tengamos prevista, por lo que podemos realizar ejercicios de calentamiento antes de ponerle a estudiar, no más de cinco minutos, por ejemplo: Coge una hoja de periódico y hazle tachar las “a” que vea, o las “o”, o hazle trabajar mentalmente series de números y letras combinándolas: Toma la serie 1 2 3 4 A. Se trata de ir corriendo la letra A hacia la izquierda, así:

1 2 3 A 4 / 1 2 A 3 4  /  1 A 2 3 4  / A 1 2 3 4.

Puedes ir complicando la serie añadiendo más letras o números, según la capacidad de tu hijo/a.

–          Haz que tenga claras las metas. Si tiene claro el objetivo a conseguir y se lo propone como meta, movilizará todos sus recursos para alcanzar esa meta.

–          Intercala descansos. El proceso de atención tiene una curva, y cuando pasa un tiempo va decayendo. Por eso es conveniente intercalar descansos para recuperar la concentración. Puede ser por cada hora de estudio, entre cinco y diez de descanso.

–          Para sujetar la imaginación, haz que la utilice en el estudio: En vez de hacer el esfuerzo de cambiar de pensamientos y empezar de nuevo cada vez que se distrae, hay que poner la imaginación en cada tema de estudio. Si está con los volcanes, que se imagine cómo son, cómo echan la lava, etc. Eso le ayudará a que se le graben mejor en la memoria.

5. Tiene dificultades con la lectura y le cuesta entender lo que lee

Las dificultades que tengan nuestros hijos en la lectura se trasladarán en el aprendizaje de forma inmediata, porque la lectura y su comprensión constituyen las herramientas de trabajo de nuestro intelecto. Para saber si tiene dificultad en la lectura, tendremos que comprobar si:

–          No tiene la suficiente velocidad lectora ni comprende los textos que está leyendo, por lo que tiene que volver a leer algo que ya ha leído para enterarse de lo que pone.

–          Tiene pobreza en el vocabulario, que se nota en las dificultades que tiene a la hora de saber el significado de palabras que son de uso habitual.

–          Tiene dificultades en expresarse por escrito, no es capaz de realizar textos con estructuras correctas y claras.

–          Tiene tendencia a postergar las tareas, lo deja todo para después. No le gusta nada leer para entretenerse. (Hay casos en los que el problema es más serio de fondo, como en el caso de la dislexia, y en estos casos hay que acudir a un especialista para su solución, porque no basta con estudiar más, pero  normalmente el profesor del colegio nos avisa de que puede existir ese problema cuando aún no son muy mayores).

Estrategias a seguir si el niño/a tiene dificultades en la lectura:

–          La habilidad de leer, como cualquier otra habilidad, se desarrolla con el entrenamiento. Por eso, lo primero que tenemos que hacer es el ejercicio. Todos los días tenemos que dedicar un tiempo a leer en voz alta para adquirir una entonación correcta, la cual ayuda a que comprendamos lo que leemos. Volver a repetir la lectura del mismo texto tratando de reducir el tiempo que se tarda en leerlo sin que afecte a la entonación correcta también es otra estrategia deseable.

–          Hazle preguntas sobre un texto leído acerca de las ideas más importantes que hay en el mismo.

–          Corrígele los defectos de lectura ayudándole a hacerse un cuadernito de vocabulario. Con ese pequeño diccionario personal tendrá que hacer ejercicios con las palabras desconocidas.

6. Lagunas en las materias: Le falta base

Cuando se trata de este problema, los niños tienen dificultades en las materias que tienen muchas conexiones entre un tema y otro, los llamados de “evaluación continua”, como por ejemplo las matemáticas. Difícilmente puede saber multiplicar si no domina las sumas, por ejemplo. Es como si se tratara de una escalera a la que le falta un escalón, se puede utilizar, pero si faltan muchos escalones y van muy seguidos resulta imposible subir. Así, en una materia en la que falte un escalón porque hay algunos contenidos que no conoce, si se pone una atención especial y se le ayuda, se puede conseguir, pero si faltan muchos escalones, es decir, áreas importantes para seguir posteriormente, esa persona será incapaz de terminar sus estudios en esa materia.

En estos casos debemos dedicar un tiempo especial a tratar de remediar esa laguna. Primero habrá que localizarla, y a continuación nos dedicaremos a ayudarle con ella. Puede ser a través de un hermano mayor, los padres o un profesor particular, pero siempre teniendo claro que debe ser una ayuda complementaria a la marcha de las clases, y debe estar supeditada a estas.

También habrá que potenciar las técnicas de estudio, puesto que la mayor parte de las veces las lagunas surgen porque no hemos aprendido a estudiar bien.

7. Se lo sabe, pero se bloquea en los exámenes, la ansiedad le bloquea

El miedo a suspender o el hecho de sentir un exceso de responsabilidad llevan a algunos estudiantes a angustiarse. Suelen ser buenos estudiantes, que comienzan a estudiar  pero en algún punto, por malas experiencias, algún fracaso o suspenso, pierden la confianza en sí mismos y se sienten agobiados.

Los días previos a los exámenes tienen un nivel de ansiedad o nerviosismo claramente por encima de lo normal, (hay que decir que los exámenes son situaciones generadoras de ansiedad para todos, pero hay quien responde de forma sobredimensionada), lo cual tiene un efecto negativo en el rendimiento, porque están llenos de pensamientos negativos y catastrofistas (me van a suspender, seguro que me quedo en blanco…), lo cual activa algunos sistemas fisiológicos, como la sensación de nudo en el estómago, dormir mal, sudor en las manos, dificultades para desayunar porque luego vomitan, tensión muscular en los brazos, espalda o piernas…. Incluso palpitaciones.

También aparecen a veces movimientos o acciones automáticas que no puede controlar como comerse las uñas, necesidad de mover la pierna, toquecitos con el bolígrafo en la mesa,…. Etc.

Qué debemos hacer en estos casos:

–          Hay que explicarle de forma comprensible qué es lo que le está pasando, y que entienda que tiene remedio, que no es nada grave.

–          Tenemos que explicarle que la ansiedad se manifiesta en tres niveles de respuesta: El primero es a través de los pensamientos negativos que tiene.

El segundo, a través de los efectos físicos que se nota.

Y el tercero, a través de la necesidad de movimientos que tiene, que le pueden llevar incluso a abandonar el examen o quedarse bloqueado.

– Una vez que ha entendido lo que le pasa, debemos intervenir en los tres niveles anteriores con distintas estrategias: Respecto a los pensamientos, cortando los negativos y catastrofistas, centrando la atención en lo que tengo que hacer aquí y ahora, no compararme con los demás en cuanto a lo que tienen hecho del examen, etc. Respecto al segundo nivel, el fisiológico, enseñando a nuestros hijos a relajarse, bien con ejercicios de respiración, de relajación sencilla, o practicando algún deporte, pues tiene un efecto relajante. En cuanto al tercer nivel, hacerles conscientes de que no deben abandonar el examen por mal que se encuentren, que piensen que les queda poco, y en caso necesario, enseñarles alguna técnica sencilla para controlar las emociones.

En cualquier caso, lo que está claro es que hay que tener mucha paciencia y perseverancia, dedicarles tiempo y tener claro que los resultados se notarán en un plazo de tiempo, no inmediatamente, y jamás recriminarles con frases del tipo “eres un burro”, “eres muy perezoso” o “pareces tonto”, porque no harán sino hacer que baje su autoestima y no les servirá en absoluto para estudiar mejor.

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Una respuesta a “Cómo ayudar a los hijos en los estudios

  1. Pingback: Siete consejos para evitar que tu hijo odie las matemáticas | Cifras y Teclas

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